viernes, 16 de octubre de 2015

Valencia en-bazada (Crónica)


Los primeros rayos de luz reflejados coincidían con el reloj que marcaba las primeras horas de un sábado cualquiera en la región carabobeña. Alguna bebida con cafeína despertaba a quienes querían aprovechar este nuevo día, totalmente convencidos de que su deidad les ayudaría por el simple hecho de madrugar.

Todos los periódicos regionales y las redes sociales brindaban información sobre la agenda cultural a realizarse ese mismo fin de semana, como ya era costumbre, estaba repleta de bazares que vociferaban el apoyo al talento nacional. Al principio de este movimiento, los valencianos apoyaban y exigían calidad en este tipo de acontecimientos, pero pronto se convirtió en algo de rutina, con poca seriedad. Y así surgieron tantos que se volvió incontrolable, Valencia estaba envasada en bazares.

A media mañana las personas se preparaban para su propio magno evento: mesas, sillas, manteles y globos inundaban decenas de locales y uno que otro club de la ciudad. Con pocos recursos, pero con un ímpetu impresionante lograron armar sus tarantines llenos de ilusión y ganas de trabajar.

Es admirable, y debe reconocerse, cómo este auge de ventas de garaje logró vencer ese paradigma de que lo “Made in Venezuela no sirve”. Hace unos años atrás quien no usaba marcas importadas no era digno de recibir un halago por su vestimenta, todo lo contrario, las costuras caseras producían vergüenza y eran sinónimo de pobreza.

Cuando el reloj marcaba las doce del mediodía se pudo comprobar que eso quedó atrás, pues en los puestos de venta abundaban las amas de casas que se decidieron a consolidar su propio negocio y a la vez, cumplir su sueño de incursionar en el mundo de la confección. Hoy en día muchos mueren por usar diseño nacional y por organizar estos famosos mercaditos.

Sin embargo en la deficiente organización y en la falta de variedad se reflejan las viles ganas de aprovecharse monetariamente de esta bonita revolución del pensamiento artístico venezolano. Muchos locales prestan sus espacios sin contar con las condiciones necesarias, únicamente para atraer clientes y llenarse la boca diciendo “apoyamos totalmente a los artistas y creadores nacionales”.

Esa molestia se hizo presente a eso de las cinco de la tarde, cuando en un reconocido café ofrecían un pequeño espacio donde se ubicaban dos mesones de fiesta y un montón de productos desordenadamente colocados sobre ellos. El apoyo es mucho más que brindar espacios para atraer clientes como carnada.


Ahora es la luna quien refleja débiles rayos de luz, indicando que ha llegado el final del ajetreado sábado carabobeño. Mañana domingo será un nuevo día, con una lucha renovada y una nueva agenda que desborda invitaciones a bazares.

Ilustración: Irene Castro.